El frente peor evaluado

Hace ya un par de años, irrumpían en la política un grupo de jóvenes que prometían «una nueva forma de hacer política». Hoy las cosas han cambiado drásticamente. En poco menos de 2 años, el que antes sólo se constituía como la unión de 4 organizaciones políticas que nacen al alero de las universidades, ahora ha pasado a auto definirse como la «oposición» al gobierno. Suceso que no todos esperaban, pero que en sus ansias de poder, el conglomerado ha sabido instalar no sólo en su retórica, sino que en la opinión de sus bases y en los medios de comunicación. Esto último con la ayuda de los irresponsables y siempre presentes periodistas militantes de nuestro país, quienes en aras del progresismo se ponen al servicio de los iluminados de nuestra política chilena.

Echándose al bolsillo a la extinta Nueva Mayoría, los que conformaban aquellos partidos no tuvieron otra opción que descansar sus deseos en el conglomerado de moda. Sus ex timoneles, ya cansados y derrotados, demostraron no dar el ancho en la pasada administración Bachelet. Y es más, sus protagonismos se fueron con la ex mandataria al mismo tiempo que se despedía de nuestro país y aceptaba el cargo de alta comisionada de derechos humanos en la ONU. Cargo que nadie sabe para qué sirve, pero tampoco es que importe demasiado a la inmensa mayoría de chilenos su utilidad. Igualmente, existe descontento generalizado hacia la figura de la ex presidenta, y por extensión a su ex coalición, por una hipocresía materializada en su preocupación tardía con el desastre socialista visto en Venezuela a manos del narco-dictador Nicolás Maduro.

Esta hipocresía también existe desde los ciudadanos hacia el Frente Amplio. Hipocresía porque quienes las pasadas elecciones pidieron el voto de millones de chilenos con la promesa de renovar la política, terminaron por traer consigo algo que no se había visto nunca, una serie de prácticas dignas de un niño que recién cumplidos sus 18 años piensa que el mundo le pertenece. Que por tener edad para comprar alcohol, tiene derecho a auto destruirse sin prestar atención a su entorno. Esto lo podemos ver reflejado en su rol como oposición, quienes asumiendo la mayoría en ambas cámaras -con el apoyo condicionado de la DC- han tomado las riendas del congreso. Pero no para prestar un servicio en pos del bien de nuestra sociedad, sino que convirtiéndose en una oposición cero dialogante y dispuesta a legislar en desmedro de la clase media y los más pobres. Esto se ha manifestado en el acento que han puesto a iniciativas en favor de minorías, como la ley de identidad de género y causas feministas, como el aborto libre y gratuito. Pero no sólo eso, no han criticado el impuesto a las plataformas digitales anunciado por el gobierno, o no han propuesto eliminar el impuesto específico de los combustibles, y mientras que manifiestan que despacharán al congreso un proyecto de ley que buscar la regulación de aplicaciones tecnológicas como Uber y Rappi.

Todo lo anteriormente señalado constituye total abandono de la clase media y los más pobres, y esto les jugó una tremenda mala pasada durante esta semana: La encuesta CADEM del 8 de abril los posicionó como la segunda institución peor evaluada por los chilenos.

¿Qué sigue? Es la pregunta que muchos nos estamos haciendo. Chile al parecer no está preparado para las «fuerzas anti neoliberales» que encarna el Frente Amplio. Si bien constituye la gran novedad ante los últimos casos de corrupción política que han dañado significativamente a los partidos políticos tradicionales, el ciudadano a pie de nuestro país sigue prefiriendo políticos que se vean medianamente sensatos, pero que apuesten por una agenda de apertura a los mercados y más flexibilidad a los emprendedores. Sigue soñando con un país donde existan cada vez más oportunidades para surgir. Pero aquello no cambia que el progresismo que el Frente Amplio encarna no los haga ver como personas de importancia en nuestra sociedad. Gracias al relato impuesto por el mismo conglomerado en nuestra sociedad, se les considera punta de lanza en la tarea por la abolición de ciertos valores ahora considerados como «conservadores», los cuales deben quedar en el pasado.

Ese es el juego al que juega el Frente Amplio, pero que ellos desconocen por arrogancia: son profundamente puestos en duda cuando se trata de la gobernanza, pero se les asigna un sitial importante en la lucha por la superación del conservadurismo. ¿Pero aquello cuánto va a durar? Eso lo veremos sólo si el Frente Amplio decide madurar, convertirse en una oposición que si busque consenso y no la imposición de sus peticiones por medio de la presión desmesurada. Y por supuesto, si sus parlamentarios eligen de una vez por todas comportarse como sujetos humildes y perfectibles de nuestra sociedad, no iluminados con la verdad absoluta sobre lo humano y lo divino.

Por Nicolás Reyes, Vocero y Coordinador Nacional del Partido Libertario y Gestor de Alianza Futuro

Escrito por Nico